México: Entre el negro y el rosa ¿De qué color nos lo pintan?

gente-formada_655x438Por: José Miguel Rosado Pat

Hace unos días conversaba con un destacado profesor universitario de una institución hermana de uno de los estados fronterizos del norte de la república. Pero antes de continuar, quisiera decirles, estimados lectores y lectoras, que por respeto y seguridad de la fuente omitiré cualquier dato que pueda relacionarlo con lo que en este editorial, comento.

Bebiéndonos un vaso de café, no del mejor, de una de esas franquicias gringas sobre el antes señorial, cada vez más moderno, Paseo de Montejo, platicamos poco más de dos horas acerca de variados temas, entre ellos el de la seguridad pública. Me conversaba de cómo, en estas fechas, los cárteles de la droga en aquella entidad, estacionan camionetas repletas de mercancías y víveres, en los principales parques de su ciudad capital, para obsequiar en muestra de generosidad, a todo aquél que pase por ahí y decida, lógicamente, formarse en la fila que, de una forma sumamente civilizada, los miembros de esas organizaciones ilícitas, organizan. Cabe destacar que en estos casos las policías municipal y estatal, están siempre prestos para apoyarlos en la logística de tan inusual y repentino acto de legítima filantropía.

Lo primero que pensé fue: ¡Qué corazón carajo!¡Ya ni los políticos que por aquí andan regalando bolsas de frijol y arroz para hacer de este mundo, un mundo mejor! Y lo segundo que expresé fue: ¡Que profesionalismo! Hasta los vehículos que usan llevan rotulado el nombre de la organización patrocinadora: Cartel del Golfo. Ya saben, algo tan común como llevar en la parte trasera del automóvil la estampita del equipo de fútbol preferido.

Es de entenderse que ante tal acto de buena fe por parte de tan ilustres benefactores, las autoridades, en especial las policiacas, coadyuven a mantener el orden para que no falte en la mesa de toda familia un plato de carne tampiqueña bien servido y sustancioso. No queda la menor duda que los mexicanos debemos agradecerles a estos filántropos por excelencia, ¿A poco no?

Pero la historia no termina ahí. Los habitantes esperan año con año a que esas despensas lleguen que, en la mayoría de los casos, van acompañadas de billetes de doscientos y quinientos pesos. ¡Eso sí que es altruismo! Ni compararlos con cualquier otra organización, ¡Para nada!

Y para continuar con esta historia de terror, sarcasmo y profunda tristeza, es importante mencionar que, son las propias autoridades encargadas de la seguridad del estado y de la ciudad, las que, por su colaboración, reciben generosas partidas en concepto de aguinaldo. Pues claro, ¿Y por qué no? ¡Si lo tienen tan merecido!

Y eso, sin hacer mención de los elementos de color verde y otros tantos blanquiazules, que de repente se distinguen formados en las largas filas, esperando por su despensa y su billetito. ¡A uno por cabeza! No sé ustedes, amables lectores, pero yo llevaría a todos los chilpayates a formarse, aunque ni fuesen míos.

Pero, además, no piensen que estamos hablando de los sicarios y de esos individuos que cuelgan a otros en los cruces de puentes y avenidas, no se confundan, por favor, estamos hablando de hombres y mujeres generosos y, para que se convenzan de tan soberana muestra de nuestro Estado fallido, entren a you tube donde encontrarán decenas de videos de estas entregas que año con año realizan en distintas ciudades de otros estados de la república.

Les aconsejo poco entrar al portal de noticias de las grandes televisoras pues es casi nula la posibilidad de encuentren videos y/o evidencias de tales actividades, pues recordemos que a Televisa y a TV Azteca no les importa difundir hechos tan irrelevantes. Ellos siempre nos informan con la verdad, ¿O lo dudan? Pero ¿cómo?

¿Acaso no les convence Carlitos, (el guapo) hablando de dos que tres accidentes carreteros o de la última investigación artística de Nicolás Alvarado?

¿O qué, a poco me van decir que don Huacho no les distrae a la hora de cenar con sus corbatas rosadas, verdes y moradas, sus zapatitos rojos y calcetines de rayas?

¡Pero por favor! De verdad, que si todo eso no les convence, entonces, ni manera, tendrán que ver a Lolita Ayala o a Adela Micha ¡esas sí que informan! En lo personal, aunque guardada en el cajón, todavía, prefiero a Carmen Aristegui.

Por eso, agradezco vivir en Mérida, dónde si pasa, nadie se entera y dónde, hasta ahora, podemos caminar tranquilamente por las calles, incluso a altas horas de la madrugada. Y aunque aquí aún no vemos a nuestros uniformados regulando el tráfico para recibir despensas de los cárteles, si la situación continúa así, tal vez, muy pronto, lo veremos.

Pero así es este México lindo y querido, en dónde todo se paraliza si juega el América o el TRI; en dónde nunca sucede nada y la vida, transcurre, sin nada nuevo que decir: ¿Viste que hoy mataron a dos niños en una balacera? Ah sí. Nada nuevo que decir.

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